Auster, núm. 30, e099, noviembre 2025-octubre 2026 ISSN 2346-8890 Artículos
La valoración de la agricultura y la literatura en el proemio del De coniuratione Catilinae
Resumen: Este artículo reexamina la valoración de la agricultura y la literatura en el proemio del De coniuratione Catilinae de Salustio (Sall., Cat., 1–4) y sostiene que el pasaje en que el historiador descarta el cultivo del campo y la caza —presentados como tareas serviles— debe leerse dentro de la arquitectura argumental del proemio, que subordina las actividades aristocráticas al objetivo de la gloria. A partir de un análisis conjunto de los proemios de las dos monografías históricas de Salustio, se muestra que el propósito del autor es legitimar la historiografía como vía alternativa hacia la gloria en un contexto poscesariano en el que la arena política deja de ser un terreno propicio para alcanzarla. Se argumenta, además, que esta reorientación desplaza el centro de la gloria del negotium hacia las artes del ingenio propias del otium. En este marco, la menor estimación de la agricultura y la caza resulta coherente: no por su naturaleza intrínseca, sino porque no contribuyen, según el programa salustiano, a la consecución de gloria que solo la virtus animi y la historiografía pueden asegurar.
Palabras clave: Salustio, Proemios, Virtus animi, Otium, Gloria
The Appraisal of Agriculture and Literature in the Proem to the De coniuratione Catilinae
Abstract: This article re-examines the appraisal of agriculture and literature in the proem to Sallust’s De coniuratione Catilinae (Sall., Cat., 1–4) and argues that the passage in which the historian dismisses farming and hunting—presented as servile tasks—must be read within the proem’s argumentative architecture, which subordinates aristocratic pursuits to the aim of glory. On the basis of a joint analysis of the proems to Sallust’s two historical monographs, the article shows that the author’s purpose is to legitimise historiography as an alternative path to glory in a post-Caesarian context in which the political arena ceases to be a propitious field for attaining it. It further contends that this reorientation shifts the centre of glory from negotium to the arts of the mind proper to otium. In this framework, the reduced esteem accorded to agriculture and hunting is coherent: not because of their intrinsic nature, but because they do not contribute—within Sallust’s programme—to the pursuit of glory that only virtus animi and historiography can secure.
Keywords: Sallust, Proems, Virtus animi, Otium, Glory
1. Introducción
En la parte final del proemio del De coniuratione Catilinae, Salustio presenta una afirmación inusitada en el contexto de la literatura latina. Sostiene que, cuando resolvió retirarse de la política, no tenía la intención de malgastar su otium dedicándose a la agricultura o a la caza (actividades que describe incluso como “servilia officia”, es decir, menesteres propios de esclavos), sino de consagrarse a la escritura de la historia:
Igitur ubi animus ex multis miseriis atque periculis requievit et mihi relicuam aetatem a re publica procul habendam decrevi, non fuit consilium socordia atque desidia bonum otium conterere neque vero agrum colundo aut venando, servilibus officiis, intentum aetatem agere; sed, a quo incepto studioque me ambitio mala detinuerat, eodem regressus statui res gestas populi Romani carptim, ut quaeque memoria digna videbantur, perscribere. (Sall., Cat., 4, 1–2)1
Así pues, cuando mi ánimo descansó de todas esas miserias y peligros, y decidí que me mantendría alejado de la vida pública por el resto de mis días, no tuve el propósito de malgastar un buen otium en indolencia y desidia ni, en verdad, tampoco de pasar la vida ocupado en cultivar el campo o cazar —ocupaciones propias de esclavos—, sino que, volviendo al mismo punto y afán de los que me había apartado una mala ambición, resolví escribir, de manera selectiva, los hechos del pueblo romano, según me fueran pareciendo dignos de memoria.2
La idea tan “poco romana” que Salustio plantea en este pasaje suele dejar perplejos a los investigadores. No es para menos, ya que el historiador contradice de manera flagrante lo que nos dicen, por ejemplo, Catón (Cato, Agr., praef.) o Cicerón (Cic., Off., I, 151), quienes destacan la agricultura como una de las ocupaciones más dignas de un hombre libre, y su juicio parece reflejar la actitud convencional de los romanos hacia el cultivo de la tierra. No sorprende, en consecuencia, que no pocos hayan intentado atenuar la fuerza de la afirmación salustiana mediante complejas explicaciones. Egermann (1932) argumentó, por ejemplo, que Salustio toma prestada aquí una idea de Platón; Syme (2002) creyó, a su vez, reconocer en este pasaje únicamente una crítica a la agricultura contemporánea; Earl (1965), por su parte, sostuvo que Salustio solo critica aquí la dedicación exclusiva a la agricultura. Se han propuesto otros intentos de relativización (véase Delz 1985, pp. 168–173), pero ninguno resulta verdaderamente convincente. El principal reparo frente a todas estas propuestas sigue siendo: ¿cómo podían los lectores contemporáneos de Salustio saber que él se refería únicamente a un tipo específico de dedicación a la agricultura? El propio texto no ofrece ningún indicio para tal interpretación.
Vretska (1976, pp. 108–109) propuso un tipo distinto de explicación. Él entiende agrum colere como trabajo manual propio de esclavos y venare como la caza utilitaria practicada por personas de condición servil. Pero esta interpretación, aun si la consideráramos correcta, tampoco resuelve el problema. ¿Por qué elige Salustio presentar estas tradicionales actividades aristocráticas desde una perspectiva tan poco convencional? La clave del pasaje se encuentra, sin duda, en lo que viene después, en la actividad que Salustio sí considera digna para invertir su otium.
Para la última parte del pasaje citado más arriba, en la que Salustio declara su intención de dedicarse a la escritura de la historia, se han propuesto también interpretaciones muy diversas. Para Vogt (1938, p. 40), con su giro hacia la historiografía, Salustio cumplía un deseo vocacional no realizado. Büchner (1982, pp. 92 y 102), en cambio, argumentó que Salustio se había ocupado en su juventud con estudios literarios, entre los cuales figuraba la lectura de los historiadores. Más recientemente, Kraus y Woodman (1997, p. 15) propusieron una interpretación completamente nueva: para ellos, aquí Salustio hace referencia a un retorno a la política por medio de la historiografía. Sin embargo, esta lectura contradice, a mi juicio, el texto y proyecta sobre Salustio ideas modernas que no corresponden a la época. En efecto, Salustio se refiere aquí a un retorno a una ocupación de la que se había apartado por una ambitio mala. Con esta expresión, él alude precisamente a su carrera política; es decir, afirma que ahora regresa a una actividad a la que ya se había dedicado antes de haber comenzado su cursus honorum. La interpretación de Büchner parece, por consiguiente, la más convincente.
Mi tesis en el presente trabajo es que, en lugar de intentar relativizar la afirmación de Salustio sobre la agricultura, debemos comprenderla en el marco de la secuencia de argumentos que este autor cuidadosamente hilvana en el proemio del De coniuratione Catilinae. Un análisis de los argumentos presentados en esta sección de la monografía salustiana muestra que el historiador mide en el pasaje citado esas actividades con el patrón que introduce al comienzo del proemio como fundamental: la búsqueda de la gloria. En el pasaje que nos ocupa, entonces, el verdadero objetivo de Salustio no parece ser tanto disminuir el valor de la agricultura en sí misma como en comparación con la actividad literaria. Un análisis más detenido de los proemios de tanto el De coniuratione Catilinae como del De bello Iugurtino puede, a mi juicio, demostrarlo.
2. El argumento del proemio del De coniuratione Catilinae
Sobre la importancia de los proemios salustianos existe una bibliografía rica y compleja, en la que muchas cuestiones interpretativas han sido y siguen siendo muy debatidas.3 Las críticas al comienzo de las dos monografías de Salustio son bien conocidas y se remontan, de hecho, prácticamente a sus mismos contemporáneos, como lo indica el comentario de Quintiliano de que C. Sallustius in bello Iugurthino et Catilinae nihil ad historiam pertinentibus principiis orsus est. “Salustio, en su Guerra de Yugurta y en su Catilina, empezó con prólogos que no guardan relación alguna con el género histórico”, (Quint., Inst., III, 8, 9). Pero si Quintiliano simplemente señalaba una cierta incoherencia temática, los estudiosos modernos han criticado también una supuesta confusión intelectual y falta de orden de los prólogos (Véase, a modo de ejemplo, Goodyear, 1982).
Una de las líneas principales de los estudios sobre Salustio fue la investigación de fuentes, centrada en la identificación de los modelos filosóficos e historiográficos de los proemios, es decir, la Quellenforschung.4 Asimismo, son fundamentales los análisis estructurales de los proemios realizados por Leeman (1954 y 1955) y Büchner (1982). Un enfoque novedoso fue presentado por Heldmann (1993). Aunque se concentra sobre todo en un breve pasaje del proemio de la Conjuración de Catilina, Heldmann se distanció de los métodos de la investigación de fuentes y pretendió explicar los pasajes difíciles de los proemios para los lectores actuales tratando de reconstruir el “horizonte de expectativas” de los lectores originarios. Este último enfoque es el que parece aportar mayores posibilidades de desentrañar el significado de la valoración que hace Salustio de la agricultura.
Es indudable que los proemios de las monografías de Salustio presentan cierto caracter estereotipado, visible, por un lado, en la semejanza entre los de sus dos monografías, y por otro, en su uso de numerosos lugares comunes de la filosofía e historiografía griegas. Pero que recurriera a esos topoi no significa en absoluto que Salustio no pretendiera exponer aquí ideas propias y para él importantes.
Solo una lectura superficial de los proemios puede pasar por alto su importancia central. Como ya subrayó Syme (2002, p. 241), los proemios de Salustio son de la mayor relevancia para la historiografía, pues constituyen una defensa de su actividad como historiador. Leeman (1954, p. 324) señaló, además, con razón, que una de las características principales del estilo de Salustio es la brevitas, lo que implica que en sus obras, en principio, no se dice nada superfluo; por lo tanto, también los proemios han de tener para su autor un peso significativo. Sobre todo si, en el contexto de la economía de sus expresiones, considera pertinente dedicarles un espacio tan importante. La semejanza entre los proemios de ambas monografías hace, asimismo, por último, muy probable que Salustio concediera gran valor a lo expuesto en ellos.
Además de todo esto, debe tenerse en cuenta que las ideas de Salustio en estos prólogos no son una construcción compuesta únicamente de elementos griegos, sino que se hallan claramente emparentadas con los rasgos típicos de la mentalidad de la aristocracia romana. La idea central de ambos proemios es, como ya se indicó, la importancia del afán de gloria (gloriam quaerere) en la vida humana; afán que, para Salustio, solo puede cumplirse mediante la virtus animi.5 Esta idea se encuentra, sin duda, ya en la filosofía griega, pero en el contexto de la obra de Salustio debe entenderse en relación con el ideal aristocrático romano de la gloria inmortal como recompensa de las grandes hazañas, como ha destacado con acierto Earl (1961, p. 8).
La dedicación a la historiografía era en tiempos de Salustio una actividad habitual entre los senadores, sobre todo tras el final de su carrera política activa. Sin embargo, Salustio, pace Syme, no se ajustaba del todo a ese modelo, pues no era un estadista retirado como Catón el Viejo, que, tras una carrera exitosa, quisiera legar a la posteridad su rica experiencia y su visión de los acontecimientos. Salustio no había llevado adelante una carrera política que pudiera calificarse como exitosa, al menos desde un punto de vista romano tradicional. En una época signada por intensas luchas facciosas, sólo había alcanzado la pretura y su gobierno de la provincia de Africa Nova le había proporcionado riquezas pero había también dañado severamente su reputación. Además, terminó su carrera de modo prematuro, ya que, después del asesinato de César, tomó la decisión de retirarse a la vida privada y consagrarse a la escritura de historia (véase Ramsey, 2007, pp. 2-5). Cabe señalar, además, que Salustio mismo valoraba más bien de manera negativa su trayectoria (Sall., Cat., 3, 3–4).
Así pues, Salustio no se aproximaba a la historiografía del modo usual: no fue senador e historiador —como Catón o como sus predecesores de época ciceroniana, Sisenna y Licinio Macer—, sino historiador en lugar de senador; eligió la historiografía como camino alternativo después un cursus honorum que no le había reportado demasiado prestigio y que había quedado trunco. El propio Salustio era consciente de la novedad de su elección y, por ello, esperaba que muchos calificaran esa separación prematura de la vida política como inertia (Sall., Iug., 1).
Más aún, el proemio del De coniuratione Catilinae indica que Salustio pretendía alcanzar mediante la historiografía aquella gloria que le había sido negada en la arena política, una aspiración inusual para la época. La idea de que un historiador puede conquistar la ingenii gloria por su labor literaria ya aparecía, de forma sucinta, en la célebre carta de Cicerón a L. Luceyo (Véase Cic., Fam., V, 12, 6). Pero Salustio desarrolla ese pensamiento de manera más profunda y extrae de él nuevas consecuencias. Uno de los objetivos centrales de los prólogos salustianos es, entonces, precisamente, fundamentar y justificar esta —todavía inusual— preferencia por la historiografía frente a la política y frente a otras ocupaciones aristocráticas tradicionales, como la agricultura y la caza.
La línea argumental del proemio del De coniuratione Catilinae es, a primera vista, poco nítida, porque su estructura se basa en una larga serie de antítesis complejas. La primera premisa, sin embargo, es clara: todos los seres humanos —o al menos quienes desean elevarse por encima de la condición de los animales— deben aspirar a la verdadera gloria mediante grandes logros. Esa gloria ha de buscarse con las fuerzas del espíritu y no con las del cuerpo, pues la gloria de la riqueza y de la belleza es efímera, mientras que la de la virtus perdura eternamente (Sall., Cat., 1, 1–4). En un segundo apartado, Salustio se pregunta si en la guerra es más importante la fuerza corporal o la virtus animi. Luego vuelve al tema central del proemio al afirmar que solo vive realmente quien aspira a la gloria; la vida de los demás, de los ignorantes que solo se dedican a los placeres del cuerpo, no se distingue de la muerte, porque de ella no queda recuerdo:
Sed multi mortales, dediti ventri atque somno, indocti incultique vitam sicuti peregrinantes transiere; quibus profecto contra naturam corpus voluptati, anima oneri fuit. Eorum ego vitam mortemque iuxta aestumo, quoniam de utraque siletur. Verum enim vero is demum mihi vivere atque frui anima videtur, qui aliquo negotio intentus praeclari facinoris aut artis bonae famam quaerit. (Sall., Cat., 2, 8–9)
Pero muchos mortales, entregados al vientre y al sueño, ignorantes e incultos, han transitado por la vida como extranjeros de paso; para ellos, en contra de la naturaleza, el cuerpo ha servido sólo para el placer y el alma ha representado una carga. Yo asigno el mismo valor a la vida y la muerte de esta gente, puesto que de ambas se guarda silencio. En verdad, solo me parece que vive y goza del alma aquel que, dedicado por completo a alguna ocupación, busca la fama mediante alguna gran hazaña o un arte noble.
Para Salustio, como vemos, sólo vive realmente quien busca alcanzar reconocimiento (fama) en alguna tarea. En el pasaje siguiente, Salustio distingue dos clases de fama: por un lado, la que proviene del praeclarum facinus (hazaña ilustre) y, por otro, la que deriva de las artes bonae (artes nobles). Lo que entiende por estos términos lo aclara en el párrafo siguiente:
Sed in magna copia rerum aliud alii natura iter ostendit. Pulchrum est bene facere rei publicae, etiam bene dicere haud absurdum est; vel pace vel bello clarum fieri licet; et qui fecere et qui facta aliorum scripsere, multi laudantur. Ac mihi quidem, tametsi haudquaquam par gloria sequitur scriptorem et actorem rerum, tamen in primis arduom videtur res gestas scribere. (Sall., Cat., 2, 9–3, 2)
Pero en la gran variedad de asuntos, la naturaleza muestra a cada cual un camino distinto.6 Es hermoso obrar bien por la república, y tampoco es en modo alguno absurdo hablar bien; tanto en la paz como en la guerra es posible alcanzar renombre; y muchos son alabados, tanto los que realizaron las acciones como los que escribieron sobre los hechos de otros. Y a mí, ciertamente, aunque al escritor no lo sigue en absoluto una gloria igual a la del que actúa en los hechos, me parece, sin embargo, extraordinariamente arduo escribir historia.
Hay, pues, distintos caminos hacia la gloria; el más prestigioso es, naturalmente (Salustio no discute aquí los valores tradicionales de la aristocracia romana), el servicio a la república. También la elocuencia es, para Salustio, un camino plenamente legítimo hacia la gloria—Cicerón lo había de hecho demostrado con su carrera excepcional y el éxito de sus discursos, algo que para el momento en que Salustio escribía seguía siendo un recuerdo muy reciente. Pero no contento con estas afirmaciones más tradicionales, Salustio presenta también una idea más original: afirma que tanto el autor de grandes hechos (auctor rerum) como el escritor (scriptor) que los trata literariamente pueden ser objeto de elogio. Y aunque Salustio no niega que la pretensión de gloria del escritor sea menor que la de los grandes generales y políticos, sostiene que, con todo, tiene derecho a ella —lo cual ya es una declaración contundente. Para Salustio, en suma, res gestas scribere cuenta como una realización de virtus romana y, por tanto, merece el pleno reconocimiento de la verdadera gloria.7
La comparación con Cicerón es, a mi juicio, muy iluminativa en este punto. La actividad literaria no es para nuestro historiador, como lo fue para Cicerón durante la dictadura de César, un simple consuelo ante las posibilidades perdidas en la arena política (cf. Cic., Fam., VII, 33, 2; Cic., Orat., 148). Para Salustio, la actividad literaria es otro camino —si no equivalente al político, al menos igualmente legítimo— para alcanzar el mismo fin: la gloria y la inmortalidad. Salustio es, en ese sentido, uno de los primeros en reconocer que, a diferencia de lo que había creído Cicerón, el asesinato de César y los conflictos que le siguen, lejos de representar un retorno a las condiciones previas, anuncian un cambio todavía más profundo de la estructura política de Roma, y en sacar las conclusiones que se derivan de ello para la tradicional escala de valores de las élites.
La idea de la inmortalidad literaria era conocida desde hacía mucho tiempo en Roma. Ya el poeta Ennio, una de las figuras fundacionales de la literatura latina, la había reclamado para sí (Suerbaum, 1968, p. 167). También Cicerón, en las Tusculanae Disputationes, reconoció a poetas y artistas, a partir del ejemplo de Ennio, la búsqueda de la gloria (Cic., Tusc., I, 15, 34). Ahora bien, debe tenerse en cuenta que Salustio exige aquí para sí más de lo que Ennio había pretendido: no solo la inmortalidad literaria, sino, además, la gloria . Salustio retoma el ideal aristocrático tradicional de la gloria, lo amplía y lo vincula con la inmortalidad literaria. Y la misma idea se profundiza en su segunda obra.
3. La comparación con el proemio del De bello Iugurtino
En el proemio del De bello Iugurtino se encuentran concepciones similares a las del prólogo del Catilina, pero hay una clara diferencia de tono: en esta segunda monografía histórica, Salustio se expresa de manera más combativa y con aún mayor seguridad en sí mismo que en la primera. En la primera mitad de este segundo proemio, la gloria vuelve a presentarse como la meta suprema del esfuerzo humano. Según Salustio, los hombres se quejarían injustamente de que su naturaleza está determinada más por el azar que por la virtus. En su concepción, la única guía de la vida humana es el animus y, si este busca la gloria por el camino de la virtus, no necesita de la fortuna. En este marco, Salustio repite algunos pensamientos del primer proemio en forma abreviada: la dualidad del ser humano en cuerpo y espíritu y la fugacidad de la gloria de la belleza y la riqueza frente a la inmortalidad de las grandes hazañas del espíritu: ingeni egregia facinora sicuti anima inmortalia sunt (“las hazañas extraordinarias del ingenio son, como el alma, inmortales”, Sall., Iug., 2,2). Asimismo, Salustio reitera la crítica a quienes se entregan únicamente a la satisfacción de los placeres corporales. También aquí declara, finalmente, que existen muchos y variados caminos hacia la gloria: multae variaeque sint artes animi, quibus summa claritudo paratur (“muchas y diversas son las artes del espíritu mediante las cuales se alcanza la más alta gloria” Sall., Iug., 2, 4). A diferencia del otro proemio, sin embargo, Salustio afirma aquí que, entre esos diversos caminos, la carrera política y militar, debido a las condiciones inmorales que rigen en el Estado, ya no es honorable ni deseable:
Verum ex iis magistratus et imperia, postremo omnis cura rerum publicarum minume mihi hac tempestate cupienda videntur, quoniam neque virtuti honos datur neque illi, quibus per fraudem [iis] fuit [uti], tuti aut eo magis honesti sunt. (Sall., Iug., 3, 1).
Pero, entre esos caminos, las magistraturas y los mandos —en suma, todo cuidado de los asuntos públicos— me parecen en la época presente lo menos deseable, porque ni se honra la virtus ni quienes han podido valerse de ellos mediante el fraude están seguros ni, por ello, son más honrados.
En los caóticos conflictos de poder posteriores al asesinato de César y al inicio del gobierno de los triunviros, según Salustio, ya no puede alcanzarse reconocimiento en la política, sino únicamente exponerse a grandes peligros y cosechar odio. Y en este contexto, entre los demás caminos hacia la gloria, la escritura de historia se perfila como la vía preferible: Ceterum ex aliis negotiis, quae ingenio exercentur, in primis magno usui est memoria rerum gestarum (“Por lo demás, entre las demás ocupaciones que se ejercen con el ingenio, la memoria de los hechos (i.e., la historiografía) es, ante todo, de grandísima utilidad.” Sall., Iug., 4, 1). Aquí Salustio reafirma lo dicho en el otro proemio; sin embargo, ahora la historiografía no es solo un camino alternativo a la gloria —como se sostenía en el De coniuratione Catilinae—, sino que, dadas las condiciones políticas de la época, merece incluso la preferencia frente a las vías tradicionales de la política y la guerra. La diferencia con las opiniones de Cicerón se hace aquí muy visible. En De officiis (Cic., Off., III, 1–4), Cicerón había defendido su actividad literaria como la única ocupación digna del otium al que lo obligaba la dictadura de César, pero no reivindicó para ella gloria alguna. Salustio, en cambio, comprende que la res publica pertenece ya al pasado y concluye que los antiguos valores han perdido vigencia. Su conclusión: bajo el gobierno corrupto de los triunviros, la política no debe seguir teniendo la preferencia como campo de acción, pues, en esas circunstancias, de la historiografía puede derivarse un mayor beneficio para la comunidad.
La idea más novedosa que presenta Salustio es, entonces, que la gloria, en última instancia, está desplazándose del terreno del negotium al del otium, y la consecuencia que él deduce de ello, es la necesidad de revalorizar las actividades con las que este último se relaciona. Tareas banales como la agricultura o la caza deben, entonces, ser dejadas de lado en pos de aquellas que, como la historiografía, pueden proporcionar al otium el sentido trascendente que ya no puede encontrarse en el ámbito político.
4. Conclusión
Salustio era plenamente consciente de que la fundamentación que ofrecía en sus proemios para explicar su preferencia por la historiografía como actividad era revolucionaria y, por eso mismo, fácil de criticar. Sabía que su decisión de apartarse de la política y consagrarse a una actividad literaria podía tildarse simplemente de inertia, pero tenía preparada una defensa. Así, en primer lugar, arremete contra los posibles críticos: serían personas para quienes la maxima industria consiste exclusivamente en saludar a la plebs y granjearse favores en banquetes (Sall., Iug., 4, 1). Hay que tener en cuenta, según Salustio, en qué época ingresó él en el Senado, qué hombres no lo habían conseguido antes y cuáles, en cambio, lo lograron después.
La composición del Senado cambió de manera notable durante la dictadura de César y durante los primeros años del segundo triunvirato y, con ella, también el estatus social de ese cuerpo. Las reflexiones de Salustio reflejan la devaluación social de pertenecer al orden senatorial en una época en que contaba con más de mil miembros y en la que apenas podían encontrarse allí unos pocos representantes honorables de las antiguas y gloriosas familias nobles de la República. Con los triunviros comienza, además, un período en el que personas ajenas al orden senatorial ejercieron la mayor influencia política, hombres como Mecenas, que prefirió no seguir la carrera de las magistraturas y, sin embargo, se convirtió en uno de los principales políticos de aquellos años, o, más tarde, el mismo Sallustius Crispus, sobrino y heredero de nuestro historiador, uno de los consejeros más cercanos de Augusto. No fue, por cierto, Salustio el único que advirtió la devaluación de la pertenencia al Senado: otros, al parecer, llegaron a la misma conclusión. Pocos años después de que Salustio escribiera estos proemios, Asinio Polión también se retiró voluntariamente de la política y se concentró sobre todo en la poesía y la historiografía. A primera vista, en comparación con Salustio, Polión se había “ganado” el retiro, pues ya había ocupado el consulado y celebrado un triunfo; pero, cuando se apartó de la vida pública, tenía apenas 37 años, y por ley era incluso demasiado joven para ser cónsul (véase Morgan, 2000, p. 64).
Como se señaló, a menudo se ha intentado explicar lo que dice Salustio a partir de modelos previos, en lugar de considerar que puede estar formulando planteos originales en respuesta a las nuevas realidades políticas de su época y a la lógica cambiante del campo literario en el que interviene (para el campo literario del período véase Sánchez Vendramini 2010, pp. 249-345). Un camino particularmente fértil para superar las limitaciones de ese enfoque es la comparación con obras coetáneas o inmediatamente posteriores. Un análisis de ese tipo muestra que ideas afines a las de los prólogos salustianos aparecen también en autores de época augústea. Un ejemplo emblemático es el último poema del libro III de las Odas de Horacio (Hor., Carm., 3, 30): los tres libros fueron compuestos entre 29 y 23 a. C. y publicados en este último año. Naturalmente, Horacio se refiere allí a la poesía —no a la historiografía—; pero, como Salustio en sus prólogos, reivindica mediante la actividad literaria una fama superior a las formas tradicionales de gloria (Para la bibliografía, véanse Doblhofer, 1992, pp. 111–115 y Nisbet–Rudd, 2004, ad loc.). Como subraya Galinsky (1996, p. 350), Horacio recoge términos característicos de la época augústea para proclamar la importancia de su logro.
La valoración negativa que hace Salustio de la agricultura y la caza se entiende entonces plenamente en el marco de las ideas expuestas en los proemios de sus monografías históricas y no necesita ser relativizada. Debe recordarse que, para Salustio —como ya se indicó—, solo vive verdaderamente quien busca reconocimiento y gloria en alguna ocupación. La agricultura y la caza, por regla general, no proporcionan gloria; por consiguiente, han de considerarse carentes de valor. A mi juicio, el historiador no hace entonces aquí más que medir esas actividades con el patrón que introduce al comienzo del proemio del De coniuratione Catilinae. En términos más generales, el objetivo de Salustio es legitimar su inusual abandono de la carrera política y su dedicación a la historiografía redefiniendo el valor de esas ocupaciones aristocráticas. De ahí su presentación negativa de la caza y la agricultura. Estamos ante un autor que defiende la importancia de su labor literaria con una seguridad desconocida hasta entonces en Roma, que preanuncia el nuevo orgullo con el que poco tiempo más tarde presentarán su actividad los poetas de la época de Augusto.
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Notas
Recepción: 25 octubre 2025
Aprobación: 30 octubre 2025
Publicación: 1 noviembre 2025